domingo, 4 de julio de 2010

UNA LUZ, EN MEDIO DE LA OSCURIDAD


Una mañana triste, sentada frente al balcón, buscándole sentido a mi vida, observo la lluvia caer y voy comparando mi tristeza con cada gota de agua que cae del cielo, que va inundando cada hueso y cada vena que forma mi cuerpo. No me explico qué ha pasado, te fuiste sin decirme adiós y ahora mi vida se ha quedado vacía, sin razón de ser ni porqué existir. Veo a mi alrededor y me doy cuenta que me encuentro sola, sola como la hoja seca que cae del árbol, que nunca podrá regresar a la cima donde un día fue feliz.

Con el corazón destrozado, lloraba amargamente, y como un milagro del cielo una voz me dijo “No temas, hija, Dios está contigo.” Esas palabras despertaron mi esperanza y me propuse a encontrar mi paz interior. Cerré las ventanas de mi cuarto y me recosté sobre mi cama, cerré mis ojos y me dejé llevar por mi imaginación.

Volé, volé por el viento y llegué a un lugar lleno de paz, sus paredes eran blancas, blancas como la nieve, rodeada por agua que desprendía de ella un aroma exquisito, que me sabía familiar. No me explico cómo pero entré a ese lugar, el agua cubrió hasta mi cintura, y caminé lentamente tratando de encontrar algo más en ese misterioso lugar, miré hacia el techo, y había un hueco muy grande del que entraba una luz brillante que empañaba la mirada. Cada vez, se me hacía más familiar ese lugar, junté mis manos y probé un poco del agua que me rodeaba, estaba fresca y tenía un sabor dulce muy natural, me acerqué a la pared, su textura era muy esponjosa, daban muchas ganas de morderla, y lo hice, le di una pequeña mordida y ahí descubrí que me encontraba en medio de un coco.

Abrí mis ojos lentamente y dije en medio de mucha risa, ¿cómo pude llegar a un coco? Pero era lo que necesitaba para encontrarle sentido a mi vida. Se hace muy absurdo pensar que haberme imaginado entrar en un coco me hiciera ver la vida de otra manera, pero es así, haber llegado a ese mundo solitario pero lleno de mucha bonanza, me hizo ver que las cosas por muy simples que se vean, pueden llenarte de mucha calma, y que en medio de la tempestad puedes encontrar un lugar lleno de paz. De allí tome fuerzas para enfrentar todos los problemas que tenía en mi vida.

Ahora vivo tranquila, porque llegar al paraíso del coco me enseñó que estaba sola en un mundo maravilloso y por eso tenía que echarle ganas para poder ser la mujer feliz que ahora soy. Estoy tan agradecida con mi imaginación, pues me enseñó que en cualquier dificultad puedo dejarme llevar por ella, y descubrir así un mundo hermoso y solitario. Ahora cuando empiezo a desesperarme por algún problema acudo a ella, y regreso a este mundo llena de mucha serenidad, para vivir la vida muy feliz.

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